
La adaptación al cine de una novela siempre puede levantar controversias. Si esta novela, además, es un best seller mundial, la polémica está servida. Es el caso de “Tokio Blues” de Haruki Murakami que el cineasta vietnamita Tran Anh Hung acaba de trasladar a la pantalla grande.
Sin embargo, yo no entratré en esta polémica. Porqué comparar literatura y cine no tiene sentido. Porqué ambas disciplinas artísticas tienen lenguajes diferentes, códigos distintos que convierte en absurda la comparación. A no ser que lo que se pretenda sea generar un debate más destinado a provocar grandes polémicas con el objetivo de vender más periódicos o conseguir más audiencias.
De todas maneras, creo que hay que tener en cuenta una cosa: Murakami no había aceptado ninguna propuesta de las que se le habían hecho para llevar al cine su más célebre novela. Hasta que le llegó la de Tran Anh Hung. Por algo será.
Hablemos, pues, de cine.
Tran Anh Hung, vietnamita afincado en Francia desde hace años, se ha convertido en una de las figuras del emergente cine asiático. “El olor de la papaya verde” o “Cyclo” son ejemplos de su reconocido cine. Y parte del reconocimiento internacional viene dado por su capacidad de mantener, pese a vivir en occidente, las señas clásicas de su origen asiático.
Estas señas no las pierde tampoco con “Tokio Blues” a pesar de que, por tratarse de la adaptación de una novela de absoluto éxito internacional, podía caer en esa tentación.
En “Tokyo Blues” Murakami y, por lo tanto Tran Anh Hung, tratan los temas más universales de la literatura: amor, muerte, soledad, sexo, paso del tiempo, tristeza, felicidad. Y lo hacen combinándolo con uno de los temas más habituales de la cultura japonesa contemporánea: el choque entre tradición y modernidad, la confrontación entre los tabús característicos de la sociedad tradicional japonesa y la apertura social y política de los nuevos tiempos.
Esta mezcla de clasicismo japonés y modernidad lo refleja el director no solo en los temas tratados, sinó también en la forma de rodar la película. Tran Anh Hung olvida, por ejemplo, el tradicional estaticismo de la cámara propio de los grandes clásicos del cine japonés, para hacer juegos de movimientos de cámara (a veces desconcertante) que ligan con los debates interiores y la inestabilidad (la auto-represión de los personajes es constante) de cada uno de los protagonistas de la historia.
Pero estos movimientos de cámara, se combinan con escenas de largos silencios o escenas de situación que dan al film un ritmo, por decirlo de alguna manera, muy “asiático”.
Otra de las mezclas nos la ofrece la música. Cabe no olvidar que el título completo de la novela es “Tokio Blues (Norwegian Wood)” haciendo clara referencia a uno de los éxitos de The Beatles. La música de los años 60, presente también en la película, es uno de los elementos de ruptura que presenta la historia. Y el director vietnamita lo explota bien.
No quiero acabar sin hacer una doble referencia más.
En primer lugar, creo que hay que destacar el buen uso de la fotografía. Más allá de la presencia de imágenes y paisajes bellos (no confundir con buena fotografía) “Tokio Blues” goza de una iluminación muy efectiva. Es un elemento expresivo y narrativo más del film. Luz cálida para momentos cálidos, luz fría para momentos fríos. Todo tiene un sentido. Es la huella de Ping Bin Lee, el director de fotografía que antes había trabajado con directores como Hou Hsiao-Hsien o Wong Kar-Wai.
Y, en segundo lugar, las interpretaciones de todos los personajes. Son interpretaciones más bien contenidas, incluso hasta llegar a un punto un poco teatral. Pero son, sin duda, también reflejo de lo que la película nos quiere mostrar.
Nota de "Tokio Blues": aprovat alt.
5 comentarios:
No l'he vista encara, però en tinc ganes. Murakami és un dels meus escriptors predilectes.
És una llàstima no poder llegir la teva crítica en català al teu blog...
A mi la peli, com el llibre, no em van acabar de fer el pes. És cert que la peli és poètica i bella, però em va transmetre poc i s'em va fer massa llarga i poc consistent. Però bé, per gustos... Petons
Lluís, està escrit per una revista en castellà. No s'ha de ser més papista que el papa.
M'ha agradat la pel·lícula, però m'ha costat mirar-la només des del punt de vista cinematogràfic: tenia massa present la novel·la tot i que ja fa temps que la vaig llegir i no podia discernir una cosa de l'altra. Tinc claríssim que una cosa és l'escriptura i l'altra el cinema... però mai com aquesta vegada se m'han barrejat els conceptes. No descarto de tornar-la a veure més endavant per intentar prendre distància i situar cada cosa al seu lloc.
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